Doctrinas

Creemos en la inspiración verbal y plenaria de la Santa Biblia. Los 66 libros que forman el canon del Antiguo y Nuevo Testamento son inerrantes,inspirados e infalibles en sus escritos originales y constituyen la autoridad máxima de fe y práctica del creyente (2 Tim. 3:16-17).

Creemos que el Dios de las Escrituras es el único verdadero Dios Eterno (Deut. 6:4). También creemos en la doctrina de la Trinidad; eso es, que dentro de la unidad de la Deidad existen tres personas—Padre, Hijo y Espíritu Santo—quien en su esencia son iguales y eternos pero distintos en su obra armoniosa.

Creemos en Dios, el Padre, comúnmente denominado la primera persona de la Trinidad. Dios es infinito y es espíritu Perfecto y es la fuente y preservación de todas las cosas. Es perfecto en sus perfecciones y propósitos (Gén. 17:1; Sal. 138:7, 11; Hec. 15:18; Efe. 1:11).

Creemos en Jesucristo, comúnmente denominado la segunda persona de la Trinidad. El fue y es el Eterno Hijo de Dios, poseyendo tanto deidad absoluta como humanidad perfecta. El nació de la virgen María, vivió una vida sin pecado, y dio su vida en el Calvario como sacrificio suficiente para los pecados de todo el mundo. Resucitó corporalmente de la tumba, ascendió al cielo, y hoy actúa como el representante del hombre y como el Gran Sumo Sacerdote (Luc. 24:39; Juan 1:1, 15a; 9:6; Heb. 4:15; 1 Tim. 2:6; 1 Juan 2:1).

Creemos en el Espíritu Santo. Como la tercera persona de la Trinidad, no es una fuerza o influencia, sino es una persona, igual en esencia al Padre y al Hijo. Está activamente involucrado en el mundo, tanto en traer los perdidos a Cristo para salvación como en muchos maravillosos ministerios a favor de los santos. También da dones a creyentes y llena al creyente obediente, dándole poder para el servicio(Mat. 28:19; Juan 3:5; 16:8; I Cor. 6:19; 12:7ff, 13; Efe. 4:30; 5:18).

Creemos que el universo y la humanidad son el resultado de la obra creativa directa de Dios. Dios creó el universo y lo que en él hay en seis días consecutivos de 24 horas de duración. Rechazamos cualquier forma de evolución, sea teísta o natural (Gén. 1:1, 27; Col. 1:16).

Creemos en la existencia de ángeles, que son seres espirituales creados por Dios para traerle gloria y cumplir sus propósitos en el universo. Aunque son más poderosos que seres humanos, no son omnipotentes (Sal. 103:20; 148:5; Heb. 1:13-14).

Creemos que entre los seres angelicales existe un grupo a los cuales denominamos ángeles caídos, encabezados por Satanás mismo. Satanás, también conocido como el Diablo, es un ser real, creado por Dios como el ángel Lucifer, quien por su rebeldía, cayó de su posición exaltada. Cuando cayó, se llevó una parte de las huestes angelicales con él. Hoy estas huestes demoniacas sirven a Satanás como los ángeles buenos sirven a Dios. Satanás se ocupa en oponerse a Dios y al pueblo de Dios en cualquier manera posible. Su destino eterno ya ha sido determinado en el lago de fuego (Isa. 14:12-14; I Ped. 5:8; Apoc. 12:7; 20:10).

Creemos que el hombre es la creación directa de Dios. El hombre, quien fue creado en la imagen y semejanza de Dios en la condición de perfección o inocencia, cayó de su posición por su trasgresión; como resultado, toda la humanidad es pecadora por naturaleza y por decisión. En la caída, la humanidad acarreó la justa condenación de un Dios Santo, trayendo así la muerte física y espiritual (Gén. 1:26-27; 3:1-19; Rom. 5:12-19; 2:10-12, 23).

Creemos en la salvación de pecadores. La base de nuestra salvación es la obra completada de Cristo en la Cruz, y el medio de nuestra salvación es el arrepentimiento hacia Dios y la fe en el Señor Jesucristo. La salvación no viene por lo que hacemos sino por lo que Él ha hecho. Es ofrecida libremente a toda persona. Simplemente recibimos su gracia insondable. Cuando aceptamos a Cristo como Salvador, somos regenerados, justificados, adoptados, santificados, y un día seremos glorificados. Cuando somos verdaderamente salvos, nunca podemos perecer eternamente ya que nuestro destino depende de Su poder y no de nuestras propias fuerzas (Juan3:16; Hec. 3:19; 4:12; 20:21; Rom. 5:1; 8:15, 30; 1 Cor. 6;11; Efe. 2:8-9; Fil. 1:6; 1 Tim. 4;10; Tito 3:5-7).

Creemos en la santificación del creyente. La santificación en la Biblia conlleva la idea de separar al creyente para el servicio de Dios y así llegar a ser más como su Señor. La santificación incluye tres aspectos. La santificación posicional ocurre en el momento de la salvación; el hombre se reviste de la justicia de Cristo. La santificación práctica es un proceso continuo por el cual el creyente llega a ser conformado más y más a la imagen del Hijo de Dios. La santificación perfecta ocurrirá un día cuando lleguemos a estar con el Señor (sea por muerte o rapto) y ya no tendremos que luchar con la vieja naturaleza porque seremos como Él es (1 Cor. 1:2; Fil. 3:20-21; 2 Ped. 3:18; 1 Juan 3:2).

Creemos que Dios ha dado dones espirituales a los creyentes para servir en y a través de la iglesia local. Cada creyente recibe por lo menos un don, y el uso de los dones siempre debe ser para el propósito final de traer gloria a Dios. Entre los dones mencionados en la Biblia, creemos que los dones milagrosos (milagros, hablar en lenguas, interpretación de lenguas, profecía) eran temporales en naturaleza y dados a la iglesia primitiva en su estado de niñez para completar el canon de las Escrituras. Por esto, rechazamos el movimiento carismático moderno y la confusión que ha causado (Rom. 12:6-8; I Cor. 12:1-11; 13:8; Efe. 4:11-12).

Creemos que la iglesia de Jesucristo es la institución que Dios ha establecido para esta edad para cumplir sus propósitos en el mundo. La iglesia es el cuerpo de Cristo, y la iglesia local es la expresión visible del cuerpo de Cristo, congregándose en un lugar y tiempo específico. Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y la Palabra de Dios es su autoridad. La iglesia local está formada por creyentes bautizados (por inmersión) que se congregan para adoración, comunión, edificación y evangelismo. Iglesias locales son guiadas por hombres piadosos que ejercen en dos oficios o capacidades: pastores/ancianos/obispos y diáconos. También observan dos ordenanzas: el bautismo y la Santa Cena (Cena del Señor) (Hec. 1:5; 2:41-47; 1 Cor. 11:17-34; 12:13; Gal. 1:2; Col. 1:18; 1 Tim. 3:2, 8).

Creemos que Dios tiene un plan para los días finales. El próximo evento en el calendario profético de Dios es el regreso de Cristo. Creemos que su regreso se llevará a cabo en dos fases. La primera fase será el Rapto de su iglesia y será premilenial. También creemos en la Tribulación, que concluirá con el regreso de Cristo. Después del reino milenial de Cristo, que culminará con el Juicio del Gran Trono Blanco, vendrá la eternidad. Creemos en el castigo eterno de cada persona en el infierno por toda eternidad y la felicidad bendita y eterna de los santos en el cielo (1 Tes. 4:16-17; Apoc. 3:10, 6-19; 19:11-16; 20:1-6, 11-15; 21:1-8).

Creemos que Dios llama a creyentes a vivir una vida caracterizada por la separación personal y eclesiástica. Debemos abstenernos de cualquier cosa que pueda contaminarnos o traer vergüenza sobre el nombre de Cristo. Somos llamados a vivir vidas caracterizadas por la santidad y pureza, siendo ejemplos de un mundo que observa al creyente. Las iglesias son llamadas a abstenerse de cooperación o alianzas con grupos que no sostienen y defienden las verdades reveladas en la Palabra de Dios. Por esto, no aceptamos las posiciones reflejadas por el movimiento ecuménico, la neo-ortodoxia, el neo-evangelismo o las expresiones variadas del movimiento carismático. Creemos que el compañerismo y la cooperación deberá limitarse a aquellos de creencias similares (Rom. 16:17; 1 Cor. 6:19-20; 2 Cor. 6:14-17; 1 Tes. 5:22; 2 Tes. 3:6, 14-15; 1 Juan 2:15, 17; 2 Juan 9, 10).